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POLITICA

10 de mayo de 2026

Provincia ordenó la UCR y en Magdalena hicieron lo contrario: la interna que agita al radicalismo

El intendente y el titular del comité local, Martín Masson, apostaron a una disputa partidaria en medio de fuertes tensiones internas. La jugada quedó a contramano del acuerdo provincial que evitó una elección y terminó profundizando las grietas dentro del radicalismo local.

El viernes a las 00 vencía el plazo para definir si el radicalismo de Magdalena iba a una interna o lograba un acuerdo de unidad. Pero mientras en la provincia de Buenos Aires la UCR cerraba filas para evitar otra pelea partidaria, en el distrito la conducción local decidió avanzar hacia una confrontación abierta.

La posición del intendente Lisandro Hourcade y del presidente del comité local, Martín Masson, sorprendió incluso dentro del propio radicalismo. Lo que se expuso públicamente, ambos venían impulsando “a bombo batiente” la idea de dirimir las diferencias en las urnas y que el afiliado “elija los destinos del partido”.

La lectura política no pasó desapercibida. Mientras la conducción provincial trabajó durante semanas para desactivar una interna que amenazaba con profundizar la crisis institucional de la UCR bonaerense, en Magdalena el clima fue exactamente el opuesto: exposición pública, tensión interna y cuentas pendientes que todavía atraviesan al oficialismo local.

En La Plata, el radicalismo finalmente alcanzó un acuerdo para conformar una lista de unidad encabezada por Emiliano Balbín, nieto del histórico líder radical. El armado volvió a dejar bajo influencia del senador nacional Maximiliano Abad el control político del partido, luego de una etapa marcada por fuertes conflictos internos durante la gestión de Miguel Fernández.

Fernández había apostado a conducir al radicalismo bonaerense hacia una línea moderada que terminó dejando un saldo electoral preocupante para el partido. En las últimas elecciones, la UCR perdió 149 concejales en los distritos bonaerenses, incluidos todos los representantes que tenía en el conurbano. Además, en la Legislatura provincial el espacio perdió 12 de los 14 legisladores que puso en juego, un golpe que aceleró las negociaciones para evitar otra interna desgastante.

La unidad provincial incorporó además a los sectores de Martín Lousteau, al possismo y al espacio de Fernández. El objetivo era claro: evitar otra pelea partidaria de cara al 2027 y mostrar un radicalismo menos fracturado.

Pero en Magdalena la lógica fue distinta.

Fuentes partidarias reconocen que la decisión de alentar una interna terminó dinamitando los pocos canales de diálogo que todavía existían entre el oficialismo local y los sectores críticos de la gestión actual. La confrontación interna endureció posiciones y dejó el manejo político del comité bajo control absoluto del espacio que hoy conduce el municipio.

En ese esquema aparecen dos figuras incómodas para el oficialismo: Gonzalo Peluso y el dirigente Marcelo Wallace.

Wallace, de hecho, dejó expuesta la contradicción entre el clima provincial y la situación local. En sus redes sociales publicó un mensaje que fue leído como una crítica directa a la conducción del comité de Magdalena.

“La UCR provincia de Buenos Aires mostró diálogo para alcanzar una unidad que evite la confrontación interna y fortalezca al partido frente a los nuevos desafíos que le deparará el 2027”, escribió el dirigente radical.

Y agregó: “Siempre es positivo convocar al diálogo y a la unidad partidaria antes que fomentar la contienda electoral interna”.

La publicación cayó como una señal política hacia adentro del partido. Fuentes del entorno radical aseguran que el malestar viene creciendo y que las diferencias ya no pasan únicamente por estrategias electorales sino por una convivencia interna cada vez más deteriorada.

La pregunta que empieza a circular ahora dentro del radicalismo local es otra: si profundizar las grietas partidarias puede servir como mecanismo de ordenamiento político de cara al 2027 o si, por el contrario, termina debilitando a un espacio que ya llega golpeado por años de tensiones internas, pérdida de representación y liderazgos cada vez más cuestionados.

Por ahora, lejos de cerrarse, el conflicto parece recién empezar.

 

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