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CULTURA

26 de septiembre de 2023

"El Minotauro", por Octavio Saldivar Paulos


El minotauro Los minotauros me exigen crear un nuevo modo de soñar. El método tiene que ser esencialmente más genuino; diseñado para evitar caer en muertes u olvidos. Mientras tanto, ellos duermen plácidamente. Yo, no debo molestarlos. Mis dulces sueños, ya no cierran mis párpados y me avergüenzo horriblemente de vivir como un humano.

Empecé a soñar una vida para mí. Sin ser esclavo de las bestias, de los destinos infaustos. Los sueños ajenos no pueden deshelar a mi pobre corazón y no son capaces de proteger a quienes amo. Estoy ensimismado, en la búsqueda de verme reflejado, nada importa, si no me reconozco.

Las largas noches son asesinadas. ¡Nadie escucha cómo gritan los otros! Yo, no me encuentro en los sueños eternos e inmemoriales que, con mala fortuna, sueño. Es inútil rebelarme, las simétricas paredes me juzgan y el laberinto de la soledad me condena. Se complacen al hallarme laborioso, creen, por primera vez, que les pertenezco; un hombre le pertenece a sus sueños. Ignoran mis necesidades y solamente codician mis creaciones. Las límpidas estrellas y los astros fulgurantes les parecen obras divinas; en cambio, a mí me resultan trabajos desproporcionados, los hombres y sus actos, no merecen tanto.

En profunda quietud, descansan las sombras. Las arañas urden tramas, la luna gime de dolor y los otros desfallecen por el plañir de las campanas. Decido soñar para ellos, no por mí, sino por sus irreversibles caprichos. ¿Qué es un sueño? Si no es el recreo del alma.

 

Desperté alrededor de inmensas montañas. Cuajado de sol, en el cielo, los pájaros sobrevuelan la playa, pequeñas mariposas revolotean frente a mí y las olas se hunden en sí mismas. Nadie me llama y no quiero ser llamado.

 

Encontrarme fraternal al mundo, a mis creaciones, en fin, comprendí como debo soñar. No pude reconocerme; pero los dioses y la misma vida me agradecerán tan valioso descubrimiento.

 

Al abrir los ojos, todos se han ido. La habitación está abandonada; entre la penumbra, arde una llama y a través de ella puedo vislumbrar: un enorme y temeroso minotauro que siempre ha estado ahí, soñándome.

 

Saldivar Paulos Octavio

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