Domingo 8 de Febrero de 2026

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1 de febrero de 2025

Contra la retórica del odio: la batalla real es por la diversidad

 

✍️POR CRISTIAN FERREYRA

El presidente Javier Milei eligió Davos para declarar la guerra a la diversidad y a los valores democráticos que han cimentado la sociedad argentina durante décadas. Con una retórica incendiaria, el mandatario libertario ha optado por señalar a los colectivos LGBTIQ+ como su principal enemigo, en lugar de abordar los verdaderos desafíos que aquejan al país. Su afirmación –tan absurda como peligrosa– de equiparar la homosexualidad con la pedofilia no es más que un intento de polarizar a la opinión pública y de desvirtuar luchas históricas que han permitido la construcción de una sociedad plural y resiliente.

La ironía radica en que, en nombre de la defensa de la libertad, Milei pretende imponer sus propios valores, restringiendo la verdadera libertad de quienes piensan distinto. Al descalificar conceptos fundamentales como el feminismo, los derechos humanos y la sustentabilidad, su discurso se aparta de cualquier debate genuino y constructivo, para adentrarse en una retórica divisoria que intenta reabrir heridas históricas. Esta estrategia de “elegir enemigos” –como si la construcción de una nación democrática dependiera de la exclusión– revela, en realidad, la fragilidad de una propuesta política que se sustenta en el enfrentamiento y la desinformación.

Resulta paradójico que se invoque la libertad para definir cómo amar, quiénes pueden conformar una familia y cuál es la manera correcta de expresar el sentir. La Argentina de hoy es, sin duda, el resultado de 41 años de consenso democrático, de la lucha contra la opresión y de la resistencia de quienes, históricamente, han sido marginados. Desde las comunidades que han sobrevivido a la violencia de ciertos sectores religiosos, hasta aquellas que resisten en países donde la diversidad sexual es castigada con penas de cárcel –e incluso, en siete naciones, con la pena de muerte–, la lucha por el reconocimiento y la inclusión es una constante que no se puede negociar.

“Es un llamado a la acción para que la ciudadanía se una y defienda, con firmeza, la libertad real, aquella que garantiza el respeto por la diferencia y la posibilidad de construir futuros comunes”

La marcha de este 1 de febrero se erige como un recordatorio para Milei y su gobierno: la batalla que proponen, fundamentada en el odio, carece de legitimidad en una sociedad que ha decidido construirse de manera plural, diversa e inclusiva. No se trata solo de rechazar una “ideología de género” que en realidad es una etiqueta vacía para encubrir una serie de ataques a derechos fundamentales, sino de levantar la voz en defensa del consenso democrático alcanzado a pulso. Es un llamado a la acción para que la ciudadanía se una y defienda, con firmeza, la libertad real, aquella que garantiza el respeto por la diferencia y la posibilidad de construir futuros comunes.

La historia nos enseña que la resistencia contra la opresión es el camino hacia un porvenir en el que la libertad deje de ser privilegio de unos pocos. Ante discursos simplistas y peligrosamente polarizadores, es imprescindible recordar que la verdadera batalla se libra en la defensa inquebrantable de la diversidad y la inclusión. No permitamos que la retórica del odio manche el legado de una democracia que se ha forjado en el respeto mutuo y la convivencia. Hoy más que nunca, la unión en defensa de nuestros derechos es la respuesta frente a cualquier intento de imponer visiones autoritarias.

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